Han pasado veinte años y hoy he vuelto a sentir tu gélida presencia leyendo las esquelas del periódico.
Bastaron un par de llamadas para saber que un maromo pintón con aires de playboy venido a menos te dejó tiesa la cartera y el corazón y como tenías más orgullo en una uña que todo el que yo pudiera atesorar en toda mi vida, te diste un festín de whisky y clembuterol por todo lo alto y brindaste por tu perra suerte, por los chulos pintureros que no sienten compasión de los sentimientos ajenos, por lo que escuece el amor no correspondido y por la madre que te parió y a mí que me jodan. Ni un triste recuerdo. Ni una mueca de sorna. Nada.
Envidio tu valor, Alicia. Yo tendré que arrastrar tu lúgubre presencia por mucho tiempo ya que ni de amor sé morir...
