Miró a sus profundos ojos grises y al instante comprendió que aquello era un adiós. Frío y desolador, quizás por esperado. Sabía que en el momento en el que se girase no volvería a sentir esa gélida mirada jamás. Y eso le descorazonaba...
jueves, 15 de noviembre de 2007
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