Cuando las luces se apagan y los aplausos enmudecen, aparece la realidad y aunque trate de huir de ella es rápida la jodida. A mí me esperaba acurrucada tras la puerta de salida y me ha cogido desprevenido.
Inicio mi penitencia solo y aunque me cruce con muchas almas errantes no podré reclamar auxilio.
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